Campanas de Libertad

Honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere.

31 diciembre 2006

Doce estrellas

Poco tiempo hace de aquel referéndum en que los ciudadanos europeos teníamos que votar sí o no al Proyecto de Constitución Europea y ya nadie se acuerda de ella. ¿Alguien sabe a dónde fue a parar aquel texto que –según decían- iba a cambiar a mejor la vida de los europeos? ¿Acaso no sirvió de nada? ¿No se aprobó? ¿Y para eso tanto rollo como se inventaron? Nos metieron Europa hasta en una lata de refresco, referéndum plus, ¿para qué tanto gasto? ¿para nada?

Bien parece que la clase política va andando por un camino y los ciudadanos por otro. La gente normal lo que queremos es vivir, ante todo que nuestros hijos puedan vivir bien y recibir una buena educación en libertad. Que no nos falte el trabajo, el sustento de nuestra familia. A los políticos… ¿qué les interesa a los políticos hoy? ¿queda algún político que mantenga el ideal de mejorar la vida de los ciudadanos? ¿persiguen los políticos las mismas metas que la gente que madrugamos todos los días para ir al trabajo?




Hubo un tiempo en que el proyecto de constituir la Unión Europea era verdaderamente ilusionante. Erasmo, Luís Vives, Montesquieu, Víctor Hugo, Jean Monet, Winston Churchill, Paul-Henri Spaak y Altiero Spinelli, entre otros, fueron algunos de los precursores que habían soñado con una Europa unida. Todos ellos -cada uno desde su ideología, desde su tiempo, desde su país de origen-, políticos y pensadores que perseguían un ideal estado de bienestar común a todos los vecinos miembros del Viejo Continente.

Pero, ¿quiénes fueron los principales artífices de la Unión Europea? Tres grandes hombres: Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide De Gásperi. Nadie lo pone en duda: ellos fueron los tres verdaderos pilares sobre los que se creó la Europa que hoy conocemos. Cristianos, católicos, practicantes… los fundadores de Europa tenían como modelo a Jesucristo, el Hijo de Dios. Y sin embargo, la pretendida Constitución Europea no reconoce nuestras raíces cristianas. Ni siquiera las menciona en su preámbulo, ni de pasada. ¿Por qué?

Javier Muñoz y Carlos Uriarte nos hicieron notar que “los Padres de Europa entendían la política desde un Humanismo cristiano que concibe al hombre como centro de toda su actividad, […] fueron hombres que comprendieron perfectamente que la responsabilidad ante Dios y ante los hombres era una característica irrenunciable de su vocación cristiana. Schuman, hombre visionario como pocos ha habido en la historia más reciente de Europa, lanzó un reto que sigue vigente en la actualidad para todos los jóvenes […]. Su sueño de una Europa unida es la excusa, el medio perfecto, para espolear a las nuevas generaciones a comprometerse activamente en la construcción de una nueva sociedad fundada en los valores de la pax cristiana”. Así lo expresó Schuman: «que la idea de una Europa reconciliada, unida y fuerte sea, a partir de ahora, la consigna para las jóvenes generaciones deseosas de servir a una humanidad liberada del odio y del miedo, y que vuelve a aprender –tras largos desgarros– la fraternidad cristiana...».

Según Jorge Trías Sagnier, “parece ser que Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide De Gásperi rezaron juntos en la catedral de Estrasburgo ante la imagen de la Virgen Inmaculada, coronada de doce estrellas, que está representada en una de sus vidrieras, justo antes de defender el proyecto de Tratado de la Comunidad ante el Consejo de Europa que, no es casualidad, fue aprobado el 8 de diciembre de 1955, festividad de la Inmaculada Concepción”.

Europa es cristiana desde hace dos mil años. El cristianismo es la base de nuestra cultura, de nuestras leyes, de nuestro arte, de nuestros pueblos, de nuestras instituciones...

En la Edad Media y todavía a principios del siglo XVI, antes de la rebelión de Lutero, se llamaba La Cristiandad a todo el territorio que ocupaban los distintos reinos cristianos: lo que es Europa. Hasta mucho después de descubrirse que había otros continentes al otro lado del charco se llamaba a Europa «Cristiandad», primero, y después «Occidente». Utilizando ambas denominaciones, también se la llamaba «Occidente Cristiano».

Sólo cuando la cristiandad se propagó a todo el mundo a través de los mares se comenzó a decir «Europa» ante la necesidad de separar el Antiguo Continente de otras partes de la tierra. La mismísima Enciclopedia Francesa recordaba que Europa era el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, sobre todo, su religión: la Iglesia Católica fundada por Jesucristo.

Y ahora, de espaldas al pueblo, pretenden una Europa laicista. Pero no importa, aunque los políticos le den la espalda al Cristianismo, aunque su forma de actuar sea verdaderamente cristofóbica, siempre aparece en el cielo alguna señal de esperanza: la bandera oficial europea, doce estrellas sobre fondo azul.

La iluminada progresía española anda por ahí quitando cruces de las aulas, derribando estatuas, censurando artículos, prohibiendo villancicos y destruyendo belenes. Han decidido actuar así y son libres para hacerlo: que cada palo aguante su vela. Además, nadie nos podemos quejar, históricamente esa ha sido su forma de gobernar y ya la conocíamos.

Lo que no saben todavía estos titiriteros -les perdonamos su ilimitada ignorancia- es que cuando terminen con todos los crucifijos tendrán que emplearse en derribar los mástiles de todas las banderas europeas que ondean en su recién inaugurada república laicista de Ex-paña.

Y no es que nuestros gobernantes sean antieuropeístas, no. Dios me libre de ser yo quien les prohíba comer de ese pesebre en que se ha convertido Bruselas. Es que ahora resulta que en la bandera europea están representadas las doce estrellas que lucen en la Corona de la Inmaculada Concepción.

Así está escrito en el capítulo 12 del Apocalipsis: “una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”.


Jorge Trías escribió: “La Virgen viviente, cuya bandera, azul y de doce estrellas doradas, es la más genuina representación de nuestro continente, de esta Europa que, asustada y alicaída, niega diariamente sus raíces cristianas, debatiéndose en una estéril disputa”.

Cuando se convocó el concurso en el que diseñadores de todo el mundo debían presentar sus ideas para la que iba a ser la bandera de la Unión Europea no eran doce los países y tampoco se sabía cuántos iban a ser; hay quien piensa que la bandera está compuesta de doce estrellas en referencia al número de países asociados durante algunos años y no es así.

Ganó el citado concurso el dibujante Arsène Heitz y, aunque en ese momento no dio ninguna explicación del origen de su diseño, sí lo aclaró con posterioridad: “Me han pedido que diseñe la bandera de Europa. Súbitamente, me ha surgido la idea de poner las doce estrellas de la Medalla Milagrosa de la Rue du Bac sobre fondo azul, el color de la Virgen Santa […] Inspirado por Dios, tuve la idea de hacer una bandera azul sobre la que destacaran las doce estrellas de la Inmaculada Concepción de la Rue du Bac”.

Efectivamente, la representación de la corona cerrada de doce estrellas sobre la cabeza de María que se puede contemplar en los vitrales de la ahora llamada Capilla de la Medalla Milagrosa, Dedicada al Sagrado Corazón de Jesús y Casa Madre de la Compañía de las Hijas de la Caridad está situada en el 140 de la Rue du Bac, en París, allí era donde solía ir Arsène Heitz a rezar todos los días.

“¿Quién es esa que se asoma como el alba, hermosa como la luna, brillante como el sol, terrible como escuadrones en orden de combate?” Es nuestra Purísima Concepción. Coronada por doce estrellas… por los doce apóstoles, por las doce tribus de Israel… Es nuestra bandera europea, la Madre de Dios nos representa en todo el mundo. “Ella es para los hombres un tesoro inagotable; los que lo alcanzan consiguen la amistad de Dios, pues les recomienda el don de su enseñanza”.

Menudo trabajo le ha salido ahora a este gobierno. En su radical labor laicista, cuando terminen de quitar todos los Crucifijos de los colegios tendrán que empezar a quitar banderas europeas.

¿Acabarán también con las cruces de las farmacias? ¿Quién sabe? Cualquier viernes nos despertamos con un decretazo más y las convierten en asteriscos por orden ministerial.



Raúl Sempere Durá · diciembre de 2006



Artículo publicado en Debate 21 , en Periodismo Católico y en Valencia Liberal.

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2 Comments:

  • At 12/1/07 17:55, Anonymous Anónimo said…

    Precioso artículo sobre el origen de la bandera de Europa. Siempre que puedo lo significo en mis conversaciones porque hay todavía muchísima gente que no lo sabe. También recomiendo a los que visitan París que se acerquen a la Rue de Bac a rezar a la Virgen Milagrosa, les aseguro que nadie sale de allí indiferente. Tenemos que defender las raíces cristianas de nuestro continente, así lo quisieron sus fundadores y es nuestro deber hacerlo.

     
  • At 10/8/07 12:42, Anonymous Anónimo said…

    Publicitar el origen Cristiano y Mariano de la Bandera, y que Europa no niegue sus origenes frente a la invasion islamico-africana, que como en otros tiempos, vuelve a producirse, y en los que se necesitó de los Pelayos que, firmes en la Santa Fe, plantaron bandera de evangelizacion y Civilizacion, en el Viejo y en el Nuevo Mundo, bajo el Manto de la Santisima Virgen.

    Saludos.
    Jorge Andregnette
    Montevideo-Uruguay

     

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